Una palabra que estremece: Teatro.

Hay ciertas actividades, producciones, encuentros y/o eventos que considero imprescindibles en mi vida. Uno de ellos, ya lo he mencionado antes, es el cine. No sé ustedes pero yo considero que puede llegar a ser precioso y desgarrador. Hacerte reír y delirar, soñar y aspirar, y llorar o suspirar, en tan solo minutos. Es increíble, es precioso. Tiene algo de mágico.

Otros integrantes fuertes en mi vida, son los libros. Incluso tiene un componente cuasi emotivo, siempre me ha gustado pensar que, a pesar de no ser muy comunicativos o habladores con mi padre, tenemos una relación o lazo que nos une, representado por los libros, en prestarnos o comentar sobre alguno en especial, en que él compre libros y luego me los pase, porque los considera muy atrapantes y/o bien escritos, y desea que yo aprenda, que crezca como lectora y escritora (me imagino, más allá que no me considere esto último), si  bien no los leo en el acto (lo siento, padre), en parte porque compro libros seguido y tengo una larga lista de libros para leer durante mi vida, es un contacto que aprecio. Mi única “queja” es que pienso que debería no menospreciar los libros que leo, que elijo y preguntarme cuáles son los que más me llegaron, porque en esa respuesta y en esas historias hay mucho de mi, describen más de mi persona de lo que yo podría hacer mediante mis palabras.
Pero no me centraré en eso, hoy me interesa hablarles de un tercer elemento en mi vida, que considero importante y vital, que es el teatro. No sólo hacer teatro, que me encantaría (mas las veces que fui a talleres, sentí que no terminaba de “soltarme” o no terminaba sintiéndome cómoda: barreras que no termino de comprender), sino ir a obras de teatro. ¿Suelen ir? ¿No les parece emocionante? El teatro estremece de diferentes formas, cada obra y cada acto es distinto, te impacta de una manera particular, puede generarte rechazo, puede provocarte ganas de llorar, o hacerte reír con alguna ocurrencia o alguna escena tan cotidiana, habitual, que no podés no sentirte identificado o tocado. Y la sensación que cierra siempre es la misma: placer, seguido de unos aplausos tímidos o ensordecedores, seguido de un ocasional “bravo” o silbidos producto de un éxtasis culminante, que te ha dejado agotado, drenado, resignificado.

Ya no sos el mismo. El teatro, así como el cine o los libros, te cambia.

Hace poco tuve la oportunidad de ir a ver la obra “La Margarita”*, en el Centro Cultural Virla, la repitieron gracias a la organización de la II Fiesta de Teatro por los Derechos Humanos, ¡así que no me la perdí! Y, a pesar que al principio no estaba convencida y no sabia de que iba, y que me dolió que no me dejaran sacar fotos en algún momento durante la obra (para qué negarlo), quiero destacar la belleza de los diálogos, el trabajo duro que deben haber tenido para construir el guión y seguro las muchas horas de ensayo y desvelo, pero sobre todo (y en relación al título de esta entrada), destacar la capacidad del actor, aquel que pone la cara frente a demasiados pares de ojos y me asombra que no tiemble (que yo sepa) de pánico, ansiedad y nerviosismo, para transmitir en un susurro que se va apagando, la tristeza, el miedo, la injusticia y lo desgarrador de una historia que se cierra, al menos dentro de esa representación, pero que puede continuar en la vida real.

La capacidad de un actor que, con una pasión tímida, ahogada, que traspasa a la misma persona que está ahí interpretando y casi llorando y, en medio de un escenario y con luz sobre los ojos, llega a todo un público emocionado, que ruge en un aplauso unánime, medio desorientado luego de un trance que lo tenía arrobado, medio en lágrimas, medio abrumado. Más lleno de vida.

Un susurro que estremece: “…a Margarita”.
Una historia que se cierra, muchas que no se conocen, pero que no se olvidan.
Un público y unos actores, que nunca más serán los mismos.
Y un aplauso que no acaba.


Hay que ir al teatro.


*”La Margarita” es una obra de teatro musical, basado en los poemas homónimos del escritor, dramaturgo y militante uruguayo Mauricio Rosencof, escritos durante su reclusión en un calabozo durante la dictadura militar. Sus sonetos fueron musicalizados por Jaime Ross, e interpretados por los actores Gustavo Lago, Yamina Leiva, Leandro Ortega y Mario Ramírez.

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4 thoughts on “Una palabra que estremece: Teatro.

  1. Guadalupe dice:

    Hola! Qué lindo y qué cierto. “Ya no sos el mismo. El teatro, así como el cine o los libros, te cambia.” Es verdad, te cambia. Te cuento que hago teatro desde chiquita, desde casi los cinco años (fui cambiando de profesores, de escuelas) porque me dijeron que era bueno para “soltar la timidez”. La verdad, nunca terminé de soltarme del todo. Sí noto que poco a poco (muy poco a poco) voy mejorando. Y sí, es verdad. El teatro te cambia. Porque te deja ser.
    Te invito a pasar por mi blog, en el que hablo de eso y de otras cosas más.
    Un saludo
    http://www.algotranslucido.blogspot.com.ar

    1. vosacookie dice:

      “El teatro te cambia. Porque te deja ser.” Que bello! Creo que el teatro siempre es algo pendiente que tengo, algo que me asusta y me apasiona, me atrae y me rechaza. Habrá que seguir insistiendo.
      Gracias por comentar! Pasaré por tu blog a leerte :3

  2. Aylén Fuente dice:

    ¡Hola Emi! Hace mucho no me pasaba por acá y me arrepiento de eso (?). Entro a tu blog y PUM, me encuentro con un montón de posts QUE ME INTERESAN<3. Escribís muy lindo, ¿sabías?
    Me pasó que leyendo este tenía que hacer una pausa, tragar saliva y decir: GUAU QUÉ INTELIGENTE ESTA PIBA.
    Yo no voy al teatro hace un montón. Es una de las cosas que me gustan y creo que debería de hacer más seguido; el teatro inspira y despierta un sin fin de emociones distintas (incluso hasta emociones que nunca llegamos a sentir) que las vivimos ahí, en ese instante. El teatro es hermoso y vos lo reflejaste en unas poquitas palabras. Me encantó.

    ¡Saludos, nos leemos!
    Aylu.

    1. vosacookie dice:

      Ay, gracias :’D Me emocionaste Aylu, jaja. Muchas gracias!
      Sí, totalmente, el teatro provoca muchísimas emociones en esos instantes en el que estás viendo. Y cuesta transmitir lo que sentís en un minuto! Es complejo e intenso, y no llegas a decirlo con palabras! O te extendes demasiado o te quedas corto.
      Si en alguna oportunidad, vuelvo a pasear por Buenos Aires, vayamos juntas a ver una obra! Jajaj. Yo me prendo sin dudas.
      Un abrazo! Gracias por leer!

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