La tinta en tu piel.

Pensá en esas personas que están construyendo su futuro, o su presente, haciendo algo, que les gusta, que les apasiona, armándose un pasado que los respalda, que los avale. O haciendo algo, lo que sea. Pero algo que les implique sentir, moverse, cambiar de sitio, tocar y girar en su realidad, en su lugar en el mundo.

Sentí cómo vivís en una permanente nostalgia de un futuro que no va a existir, que ya es pasado porque no existió, existe ni existirá. Lo imaginas y deseas, pero eso no hará que exista, por lo que queda en nostalgia y en pérdida. Es lo que te permite sentir algo. Te aleja de aquel vacío, en el que no sentís nada, fuera de una sensación de ahogo, de pánico y desolación.

Pocas cosas ayudan a calmar ese hambre. Esa necesidad de llenar ese hueco, de alimentarlo.

Los libros, que emocionan y te quitan el sueño de tanto pensar en ellos, en lo que dicen, en cómo te golpearon. Te conceden la ilusión de convertirte en un personaje memorable, que marque a alguien así como ellos lo hicieron con vos.

Películas, sorbiéndote y marcándote en sus imágenes que se suceden, haciéndote llorar de alegría o que provoquen que los pelos de tus brazos se ericen, haciéndote girar y estremecer por y en sus secuencias de imágenes y sonido. Es bello, es desgarrador.

Leer u oír palabras ajenas de gente que le apasiona lo que hace, que lo vive y lo siente, que lo ame y odie, que te contagie ese entusiasmo, te haga desear vivir lo mismo. Eso calma el hambre.

Pero cuando es demasiado bullicioso, fuerte e hiriente, el hambre es imparable. Hace que la ansiedad ascienda por tu estómago, se deslice por tus extremidades y forme un nudo en tu vientre. No se detiene, no te da respiro, solo te permite sentir una necesidad desesperante de calmarlo.

(Siente, siente, siente)

Entonces te escribís. Ya no es un libro, una película, ni son las palabras bonitas de alguien más, es una herida invisible materializándote en tu cuerpo. Son palabras, ajenas sí, pero escritas para vos. Exhiben lo que no decís. Satisfacen al monstruo.

Tu cuerpo grita. La tinta es tan solo el medio que te permite revelar las heridas. Y te relaja sentir esas palabras ardiendo en tus brazos, en tus piernas, en tus manos, en tu panza, en tus muslos y en tus pies. Te calma sentir esa quemazón inexistente, sentir como aquel temblor de tus labios, de tus ojos y de tu estómago para.

(Nada ocurre por fuera, pero por dentro te estás ahogando)

Te relaja. El hambre ha dejado de insistir por el momento, se siente satisfecho al revelar cómo estás roto por dentro.

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2 thoughts on “La tinta en tu piel.

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