El llanto incómodo.

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos. Julio Cortázar

Es difícil cuando necesitás llorar, contenerte y no hacerlo en el lugar en el que estés, es difícil componerte y alejarte, lo mas calmadamente posible, a buscar un sitio en el que puedas estar solo. Es difícil, finalmente, llorar.

No, en realidad esa parte es fácil, más si estás alterado. Lo que cuesta es iniciarlo y hacerlo de manera apropiada. Sentís esa opresión en el pecho, un grito ahogado en la garganta, esa conocida picazón en los ojos. Tu nariz moquea, aunque aun no estés llorando. Tu piel se pone roja, se hincha, o se retuerce para ayudarte a aguantar hasta que encontres una toalla o almohada en la que enterrar tu rostro.

No sale al instante, mas si estuviste llorando en silencio durante toda una jornada. Hay que satisfacer ese llanto, de todas formas.

Así que empezas a recordar el suceso. (Todo esto ocurre en segundos, obviamente)

Llorás por las palabras, hirientes y verdaderas. Llorás por los exámenes, por la carrera, por el futuro. Llorás por tus padres, por tus hermanos, por tus sobrinos. Pero sobre todo lloras por vos. Porque tu egocentrismo no te permite ver mucho más allá de tus propios intereses y frustraciones. Llorás, entonces, por todo aquello que imaginaste y no pasó, o por cosas que pasaron, y que no fueron como habrías esperado. Llorás por todo lo que no sos, por lo que te hubiese gustado ser, por lo que no serás nunca.

El llanto es incómodo, es torpe, es feo. Buscas taparte el rostro con una toalla (que tiene un dibujo de un oso amarillo que le gusta la miel),  porque no queres que te oigan y te hagan preguntas, suficiente con que te vean perder el tiempo todos los días. Te tapas para que no te escuchen, para que nadie se alarme por tus quejidos, ese sonido que haces mientras tomas aire, llorás, tratas de tomar aire y calmarte, llorás peor y te ahogas con tu propia saliva y lágrimas. Te ocultas porque necesitas estar sola, de nuevo.

Y por ultimo, así como por un pato cubierto de hormigas, llorás por la mariposa que agonizó en tu cocina, ayer.

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