Porque relacionarse es un asco (o se me da mal)

“I think about how much depends upon a bestfriend.  You wake up in the morning, you swing your legs out of bed and put your feet on the ground and stand up.
You don’t scoot to the edge of the bed and look down to make sure the floor is there.
The floor is always there.
Until it’s not.”

Will Grayson Will Grayson

Como siempre, vengo a hacer mi vómito de ideas incoherentes y no demasiado interesantes.
Conversando con Lucy (o Lucidity, Tusidity, como prefieran), llegamos a la conclusión que, no solo relacionarnos con otros seres humanos se nos da mal (aunque a ella le va un poco mejor que a mi, creo), sino que es un asco. ¿Por qué? Y… no sé, será la gente, seremos nosotras. Una suerte de “No sos tú, soy yo” (cuando en realidad sos vos, o en mi caso, ambos)
Me pasa sobre todo cuando debo realizar trabajos en grupo en la facultad, ¿saben lo difícil que puede llegar a ser conseguir un buen grupo de trabajo y estudio? O de por si, conversar con algún compañero, decir “hola”, nos vemos todos los días, nos ubicamos las caras, pero no. O a un ciclo de cine que voy siempre, desde hace meses, y hasta ahora nunca he hablado con los chicos que dirigen el ciclo (nunca). ¿Por qué? Capaz tiene que ver con que soy torpe y nerviosa, que piensa demasiado en todo (como en si saludar o no, god), que se inhibe con facilidad (mas si hay mucha gente presente) y que, algunos días, ni siquiera tiene ganas de establecer una conversación (no necesariamente por mal humor, que me pasa, sino porque… bleh, no hay ganas). En ocasiones, no es el gran tema, lo tengo bajo control  y me da igual, en otras, es realmente frustrante (por varios motivos, pero uno de los mas grandes, porque tiene que ver con mi carrera, y esto sí me pone nerviosa/ansiosa y asusta).
Así que, si no te saludo, puede ser por varias razones: No tengo ganas de conversar o de soportar momentos incómodos en el que no sabes de que, justamente, conversar. No te vi, o te vi y tarde varios segundos, en lo que voy caminando, en reconocer quién sos. En el que me preguntó si me ubicas o si da que me acerque a saludar (si estás con gente, probablemente no lo haga). Etc, etc.

En otro momento, haremos un ‘gran’ debate sobre esto. Ahora, quiero comentar como todas las relaciones humanas tienen algún tipo de “crisis”, o como pueden ser desechables, descartables. Nada es seguro, ni siquiera las amistades. Todo eso de U.P.S es una mentira (?) Y que eso duele, pero es normal. El tema viene, también, porque hace un tiempo escribí al respecto en mi cuaderno, en plan “literario”, “poético” (?), cuando pensaba acerca de mis amistades que no veía hace mucho (o que, con suerte, nos mandábamos un whatsapp de vez en cuando). Pensar cómo estas relaciones, que uno puede verlas seguras en su momento, pueden llegar a desgastarse, y acabar (o no).

Le comentaba a Lucy como, por lo general, en mis amistades más cercanas, llegaba un punto en el que terminábamos distanciados. Me parece bien, no es que sea una persona cerrada y obsesiva que quiere ser la única mejor amiga de tal persona y que ésta no vea a nadie más (dios, no), al contrario, si tuviese que elegir, creo que soy más del tipo “no quiero verte ni hablarte todos los días, porque me canso”.  No quiero sentirlo como una obligación, ni que el círculo de la otra persona gire solo en mi (que yo sea idiotamente torpe en hablar con gente y prefiera evitarlo, no quiere decir que vos tengas que serlo ni hacerlo), seria demasiada…  ¿presión?

Pero llega a ese punto en el que no sabés absolutamente nada de la otra persona en meses (quizás solo comentarios de terceros), o que se cancelan reiteradamente las salidas, por lo que ya ni siquiera se intenta organizar una. Ese punto, en el que aceptas que aquella amistad, relación, lo que sea, no tiene la misma importancia o significado que tuvo en su momento, y que ya solo se hablan en esas fechas “comprometedoras”, obligatorias (cumpleaños, por ejemplo) y cuando se cruzan en algún lado, diciéndose palabras bonitas y que pueden llegar a sentirse forzadas (“eh, te extraño”, “te quiero”, etc), para cubrir los espacios vacíos de todos esos meses, y traer a colación que, en algún momento, conocías a esa persona, sí significaron algo para el otro (pero ya no tanto). No te queda otra que aceptarlo. ¿Qué otra cosa podés hacer?

Bueno, en todas mis amistades me pasó, en algunas de una forma más fuerte o definitiva que en otras. Y está bien, es normal, calculo. Es parte de crecer y volverse adulto (?)
Eso no quita que duela, al menos en un principio (y dependiendo de lo que el otro significó para vos. Existe la opción de que ni te afecte).

A veces, regresan. A veces, no.

A veces, esos encuentros inesperados o mensajes esporádicos solo son meros instrumentos o pretextos que prolongan lo inevitable: Un cierre.
Un cierre que se arrastró demasiado tiempo.

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